Es un tópico, pero es cierto. El Jueves Santo por la noche, con las cofradías de vuelta es uno de los momentos más especiales de la Semana Santa. Poca gente en la calle y la mayoría de retirada.
Las procesiones pasaban como si estuviesen improvisando su itinerario y uno, casualmente, se las hubiera encontrado. El Valle subiendo a la calle Cuna, ordenada y discretamente; Pasión llegando al Salvador en medio de la oscuridad; Montesión atravesando los aledaños de la Alfalfa.
Todos los que estábamos queríamos ver las procesiones, todos disfrutábamos unos momentos robados a las multitudes de la Madrugada. Cronológicamente era Madrugada pero nosotros vivíamos otra cosa, una Semana Santa, sentíamos otras presencias y otras ausencias. Cercanía no sólo a los pasos sino también a la Cofradía. Silencio, saetas o músicas para unos pocos. En una palabra: recogimiento.
2 comentarios
Mayo 31, 2008 a las 3:34 pm
Para mi es un momento cumbre, donde me reencuentro con la Sevilla soñada, la que escribieron los poetas, las que nos roban los neorancios y los folclóricos de nuevo cuño. Quinta Angustia, suena la madera para pegarse a la trasera y no dejarlo. El Valle por Cerrajería, es toda la Semana Santa en una serpenteante revuelta. Pasión en el Salvador, de vuelta a casa, cara a cara, difícil no mirarse para adentro del alma sevillana. Y el bullicio de calle Feria, suenan rosarios como carracas.
Capirotero has dado en el clavo, miarma. Sevilla en Semana Santa puede verse completa en tres horas. Y algunos le llaman de transición. Así nos va.
Mayo 31, 2008 a las 9:52 pm
Sí, en tres horas puede verse casi toda la Semana Santa. Y además para unos pocos, no porque no dejemos ir a los demás, sino porque sencillamente no vienen.