La víspera de La Inmaculada vi una procesión con la imagen de la que creo que era la imagen del Postigo (La Limpia y Pura) por la calle Tetuán. La Banda del Sol abría una procesión poco organizada y que competía con el horario comercial de esa calle a última hora de la tarde.
Por un lateral fui avanzando hasta el comercio al que me dirigía y llegado a un punto (intersección con la calle Rioja), dada la cantidad de personas que había agolpada, decidí parar y esperar que pasase la procesión. Algunos de los integrantes del cortejo llevaban una especie de pañoleta blanca con un logotipo que yo desconocí y que posteriormente averigüé que era el de la Archidiócesis de Sevilla.
Llegó la imagen y unos cantos nada angelicales comenzaron a emitirse desde la cabecera y es que una serie de guitarreros y señoritas de pelo rubio de pechas bien planchado habían sustituido a la banda para que se les oyera poco lo mal que cantaban unas canciones que nadie conocía.
No soy dogmático, pero a mí una buena banda me “entona” más, y lo que desde luego sí que creo que no es cuestionable es que si alguien va a ser un acompañamiento musical a una imagen, del tipo que sea, lo menos que tiene que hacer es hacerlo bien y no de cualquier manera.