Noviembre 10, 2007...10:39 pm

Nuevas hermandades

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La aparición de nuevas hermandades que quieren pertenecer plenamente a la Semana Santa, hermandades situadas en el extrarradio de la ciudad, lleva acaparando la información cofrade desde hace años. Esto no refleja otra cosa que se puede aprender con la lectura del Padrón Municipal, que el centro de la ciudad es un barrio muerto, con una población envejecida y que se queda desierto cuando los comercios cierran sus puertas. La contradicción aparece cuando miramos que el padrón cofrade representa otra realidad diferente, dado que la mayoría de las corporaciones tienen su sede en el centro de la ciudad y en sus aledaños. Las hermandades del centro forman sus cofradías con nazarenos de los barrios e impiden que las hermandades de estos barrios poblados se hagan fuertes y pueden pedir su lugar.

La Semana Santa, tal y como la entendemos hoy, nace en barrios tumultuosos y habitados, donde las imágenes eran cercanas a las personas, donde presidía la iglesia o parroquia por la que habían pasados los capítulos fundamentales de la vida de esos habitantes. Ahora esas imágenes se han quedado solas, ya no forman parte de la cotidianeidad, sino de lo extraordinario, de la visita “ad hoc”, del acto cofrade, de la salida procesional, ya no se vive junto a esas imágenes, han sido convertidos en piezas de museo, han sido “musealizadas” por las propias hermandades. Dejemos paso a las nuevas cofradías, incluso con el sacrificio de alguna de la existentes, pues las hay que llevan una existencia que puede calificarse de subsistencia, sacrificio que se puede operar por la vía menos traumática de la fusión.

Las hermandades y cofradías no son bienes en sí mismos, son instrumentos pastorales que han cuajado en determinadas iglesias locales como vehículos especiales para la transmisión del Evangelio. Los únicos actos de culto necesarios para la Iglesia son los sacramentos. Puesto que las hermandades y cofradías tienen un arraigo tan notorio en nuestra sociedad, incluso en la laica, es necesario que éstas se acomoden y se acerquen a los lugares donde habitan las personas a las que se dirigen. De lo contrario perderán el vínculo social y emocional que las sustenta.

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