El hecho de vivir fuera y lejos de Sevilla, aunque vaya asiduamente, hace que mis fuentes de información sobre la actualidad cofrade sea la sección de Cuaresma del “Diario de Sevilla” y el programa “El Llamador” de Canal Sur Radio, que me descargo por Internet.
En “El Llamador” escuché las declaraciones del hermano mayor del Cerro del Águila, Adolfo José López, en las que decía que no estaba de acuerdo con la elección de Antonio Burgos como pregonero para 2008 y que no iba a asistir. No era una pataleta por preferir a otra persona, no era un “quítate tú para poner a uno de los míos”. El hermano mayor tenía motivos y a mi modo de ver, estos son sumamente atendibles.
Mantenía el hermano mayor que Antonio Burgos había escrito y hecho declaraciones en las que cuestionaba su Hermandad y daba a entender, no lo dijo, que por dignidad no se puede ir a aplaudir y vitorear a quien lleva años poniéndote en cuestión.
En todo caso la intervención del hermano mayor del Cerro fue de una elegancia impecable. Como yo no soy hermano mayor de nada, ni lo voy a ser, voy a decir algunas cosas que pienso que él se calló y yo no tengo porqué callármelas.
Antonio Burgos ha cuestionado la misma existencia de la Hermandad del Cerro por cuestión de principios, porque la existencia del Cerro no tiene razón de ser en su forma de entender Sevilla. No le importa el número de hermanos, la vida de hermandad, las actividades sociales, los cultos, la representación cofrade de muchos barrios que esta hermandad asume y la innegable categoría de su desfile procesional.
A Antonio Burgos no le importa que el Cerro sea o no una buena o no tan buena hermandad, modélica o con sus fallos. Ya pudiera ser el Cerro el referente cofrade de toda Andalucía que Antonio Burgos seguiría manteniendo la misma actitud. ¿Por qué?
La razón es muy sencilla: el Cerro del Águila es una hermandad de barrio actual, no de los barrios que ya no lo son. El Cerro es una hermandad de la periferia compuesta mayoritariamente por personas que votan lo que Antonio Burgos piensa que no debe votarse. El Cerro es una hermandad que trae detrás a todo su barrio o a todos sus barrios (porque los tiene) y tengo la impresión que a Antonio Burgos no le gusta la forma de vestir ni de la de hablar de esos vecinos. Pienso que Antonio Burgos no considera que la Hermandad del Cerro sea parte de la Semana Santa de Sevilla, porque piensa que el barrio del Cerro no es Sevilla. Sevilla para él debe ser la Sevilla de “Siempre así”
Antonio Burgos habitualmente confunde la realidad, el recuerdo, el deseo y el deber (licencia literaria, sin duda).
Observo que él tiene una imagen idealizada de Sevilla que se corresponde a los tiempos de su niñez y adolescencia, de una Sevilla que fue la suya y la de personas cercanas, pero que necesariamente no tiene que ser la de todos sus coetáneos. Este recuerdo lo ha convertido en deseo de vuelta atrás en el tiempo y el deseo le ha llevado a pensar que nada debe cambiar si difiere de sus deseados recuerdos, y como dijo Hegel, “si la razón (lo que él decía) no coincide con la realidad, peor para la realidad”.
Muchas cosas se les pueden criticar a las hermandades, y a la del Cerro también. Muchas cosas valiosas se habrán perdido, no lo dudo. Pero nada justifica el rechazo a ver la realidad, a valorarla, a someterla a juicio crítico y a pensar que sevillanos somos todos y no sólo los que tienen cabida en los deseados recuerdos de Antonio Burgos, fruto de una realidad que no es y que puede que nunca fuera así.